La movida para producir el cambio del nombre de la calle Roca por el de Lonko Chanel colabora con la continuidad del debate para la resignificación de los nombres y la puesta en tensión de toda una visión dominante de la historia. Nombrar u omitir, son actos políticos y acciones como estas (enmarcadas en las campañas de historiadores como Osvaldo Bayer junto a comunidades indígenas) son un valioso aporte. Si bien el cambio de nombre en la intersección con Saavedra fue simbólico y resta la decisión formal del Concejo Deliberante, el debate quedó abierto y volvieron a presentarse las distintas opiniones. Pero queda resonando una pregunta: ¿Quien es el “nuevo” habitante de la ciudad que nombra la ex calle del genocida?.
Yendo a las fuentes, la historiografía local señala que las parcialidades del lonko Chanel (señalado aquí como uno de los últimos caciques tehuelches septentrionales[1]) fueron de las primeras que entraron en “contacto” con los españoles (1779-1833). Informan que el bajo curso del río negro era parte integrante de los territorios de este cacique coincidiendo con el establecimiento español fundado por Francisco de Viedma a fines del siglo XVIII.
El historiador Adrián Moyano tomando los registros de la antropóloga Lidia Nacuzzi sostiene que la primera mención a Chanel en los mismos data de diciembre de 1778, cuando autoridades de Buenos Aires le pidieron que entregara una carta al jefe de la expedición que luego fundaría el Fuerte del Carmen.
Al mismo tiempo, Moyano acude a las anotaciones de Viedma que describe a Chanel como “el de más séquito de los pampas. Tiene muchas tolderías, las más de ellas han hecho sus asientos a la margen del río por la parte norte”. Hay que recordar que en la época, habitaban otros caciques, siendo uno de ellos Chulilaquini, con quien Viedma estableció alianzas más seguras que con Chanel.
En cuanto al contexto de aquel momento (y en esto hay coincidencias) se describe que “el aislamiento del Fuerte del río negro, la falta de apoyo oficial y las luchas civiles por un lado y los problemas interétnicos por otro, contribuyeron para crear un clima especial en el que blancos e indígenas lograron llevar una relación equilibrada (aunque con algunas crisis transitorias) que finalmente permitió subsistir a la población fundada en 1779 por Viedma”. Al respecto, Moyano agrega que “la densidad poblacional mapuche a fines del siglo XVIII en el área de influencia del fuerte del Carmen era notable”.
Siguiendo con las anotaciones del colono que expone Moyano, Viedma informó que“en 1781 durante un trawun que se celebró en Sierra de la Ventana las “cautivas cristianas” les informaron que los caciques Calpisquis, Guchulap, Toro, Guachan y Chanel, entre otros, se habían juntado a tratar sobre destruir este establecimiento, echarnos de él, o matarnos porque habían conocido que los cristianos los iban cercando por todas partes y quitándoles todas sus tierras”. Esta anotación refleja, para el autor de “Crónicas de la Resistencia Mapuche” y “Komutuam, descolonizar la historia mapuche en Patagonia”, las relaciones que establecían las distintas parcialidades originarias y la creciente amenaza del avance extranjero que advertían.
Luego -siguiendo ahora los archivos de Nacuzzi- Chanel participó junto con los “aucaces”[2] de un malón en las cercanías de Buenos Aires. Más tarde apareció en Sierra de la Ventana, en tolderías de Caspisquis. Recién en 1783, es decir, cuatro años después de la llegada de los winka, el lonko Chanel se embarcó en una acción guerrera hacia la “Guardia Vieja del Zanjon”, cerca del fuerte del Carmen. Esto concluye –asevera Moyano- “que si bien el espacio territorial especifico del lonko Chanel se circunscribía al área oriental de los ríos Negro y Colorado, no tenia mayores inconvenientes en cabalgar hacia Sierra de la Ventana por Buenos Aires, si la defensa de los intereses de su gente sugería esas travesías”.
En referencia a las inestables relaciones entre colonos e indígenas, Rey y otros[3]informan sobre las formas de entendimiento entre caciques y autoridades. Al respecto, citan el “Tratado de Tandil” de 1825, iniciativa de Juan Manuel de Rosas con los caciques Lincoln, Cachua y Chanel (este ultimo representando a todos los del sur). La idea era –según señalan en el libro- aquietar los ánimos de los indígenas que estaban enardecidos después de la “Campaña de Martín Rodríguez”[4]. Estos tratados tendían a asegurar condiciones de paz con los indígenas, aunque luego se optaría por otras vías (ver “Campaña al Desierto” de Rosas -1833).
Finalmente el libro de Rey aporta que el final del Cacique Chanel fue a manos de un cacique rival, aunque el dato es impreciso. Lo cierto es que luego, otros caciques donde se destaca Yanquetruz (asentado en inmediaciones de San Javier y que comandó malones en 1854 y 1855), lograrían resistir en los territorios originarios por un tiempo más.
Por último, coincidimos con Roberto Samar[5] cuando señala que “la forma en que nombremos las cosas y los símbolos que establecemos son los lentes sobre los cuales miraremos la realidad. En ese sentido, el nombre que le demos a los espacios públicos, las imágenes que coloquemos en los billetes, o los monumentos en la vía publica, legitiman discursos y prácticas”. Por esto, concluimos con él que“la denominación de las cosas es una de las arenas donde se llevan a cabo las disputas políticas y, probablemente, sea una de las disputas más profundas”.
Fuentes: “Komutuam, descolonizar la historia mapuche en Patagonia” (Adrián Moyano) – “Historia del Valle Inferior” (Héctor Rey y otros).
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[1] Se reconoce igualmente, que resulta difícil distinguir los grupos, seguirlos a través de fuentes que, no pocas veces, denominan de distintas maneras a los mismos grupos o viceversa. En este periodo, agregan, es difícil distinguir los tehuelches meridionales, los septentrionales y los mapuche.
[2] En mapunzudun el vocablo Awka hace referencia a la rebeldía, no a una parcialidad en si misma, como supusieron los primeros cronistas. En este caso, se trataba de parcialidades que no establecían acuerdos con las autoridades coloniales.
[3] Justamente, en el marco del debate por el cambio de nombre de la calle Roca en Viedma, el profesor de historia Héctor Rey señala que no está en contra de poner a una calle el nombre de Cacique Chanel o Pueblos Originarios, pero manteniendo a la vez la calle que lleva el de General Roca porque “hay que contar la historia completa”. Mencionó que Roca “puso la ley 1420 de enseñanza gratuita, laica y obligatoria” y “es un error centrar en su figura la responsabilidad de la Campaña al Desierto, que tuvo en la época un aval de toda la sociedad”. Y justifica que “hacia 1872 el Estado nacional confrontaba con otro poder que cuestionaba su dominio sobre el territorio, como era el de los indígenas conducidos por Calfucurá que en ese año tenía 6 mil indígenas y se llevó 200 mil cabezas de ganado y mató a 300 pobladores, incendiando sus viviendas, en Bolívar” por lo que el jefe de Salinas Grandes según el historiador “no era un bebé de pecho y tenía su poder”. Por ultimo, para poner en el mismo lugar a invasores y originarios el historiador concluye: “fue una lucha similar a lo que pasó, con las mismas características, en todo el mundo: un poder imponiéndose sobre otro poder”. En el mismo sentido, el historiador Jorge Bustos indicó sobre el debate que “aquí no hubo una ocupación militar cruenta y ahí se fundó el fuerte, hubo un acuerdo con el cacique Chanel o Negro por el cual le cedió, en 1778, antes de la fundación, a la Corona Española, una lonja de tierra de unos 50 kilómetros de largo, desde la desembocadura hasta San Javier” y esto establece el hecho de que “somos hijos de una negociación, de un pacto mutuo, no fruto de la violencia”. Un detalle a saber, es que Chanel habitaba estos territorios antes de la llegada de los invasores y los pactos se realizaban en situaciones de desigualdad para los indígenas.
[4] Se trata de tres expediciones militares que el general Martín Rodríguez, gobernador de la Provincia de Buenos Aires de las Provincias Unidas del Río de la Plata, realizó contra los indígenas de la frontera sur de la provincia entre 1820 y 1824, anteriores a las de Rosas y Roca.
[5] Licenciado en Comunicación Social. Docente de Filosofía Política Moderna / UNLZ

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